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Ticnificación y policromía.

Hoy toca una reflexión de largo recorrido: me gustaría compartir un tema muy recurrente en mi día a día, tanto en el plano profesional como personal: los nuevos desafíos de nuestra sociedad a la hora de mantener el equilibrio entre vida y tecnología.

 

Y querría hacerlo sin caer en “típicos tópicos” de ese “deporte” tan de moda últimamente, el de la polarización: los “negacionistas”, quienes usan como principal premisa la pérdida de la esencia humana y social. O bien los “techies”, defensores a ultranza del concepto “o digitalizas” o no estás.

 

Empezando por el principio: mi nombre es Ángel Cruz y soy Artesano Digital. Es la mejor síntesis que se me ocurre para definir un Maestro de Primaria, Educador social y Formador en diferentes ámbitos… Todos ellos con un hilo común: intento siempre ayudar a avanzar uno o dos pasos más allá de la posición actual, con la premisa de realizar ese acompañamiento bajo el uso de las TICs como parte fundamental del proceso de enseñanza/aprendizaje.

 

Pero antes de nada, mi “rasero”: tanto en el ámbito laboral como personal, intento que las TICs tengan un papel relevante en buena parte de mis rutinas y procesos de relación. Eso sí, siempre que resulten beneficiosas y me devuelvan como regalo más tiempo libre del que haya tenido hasta el momento.

 

Y claro, aunque yo trabaje en el sector educativo y “ticnificador”, incluso teniendo un poco más claro en dónde poner el “foco”, ¿como transmitir a gente con diferente alfabetización digital ese concepto de “beneficiosas”?

 

Creo que la respuesta no es sencilla pero es muy simple: con sentido común.

 

Pero cuidado, no es el mismo sentido común que podemos aplicar sobre cómo actuar cuándo nuestr@ hij@ sube un columpio que requiere más destreza que la que intuimos que tiene. Tampoco es el tipo de sentido común que nos sitúa en una fiesta de empresa las líneas rojas que no debemos sobrepasar. Este tipo de “sentidos comunes” heredados de aprendizajes familiares y/o sociales, no requieren la molestia de realizar un aprendizaje teórico.

 

¿Pero qué pasa cuándo te dicen que para tener sentido común, de algo tan cercano como relacionarte con los tuyos, has de tener una base que sólo se consigue con un mínimo de aprendizaje y de práctica teórica? Es decir, poniendo un ejemplo práctico: ¿cómo saber si mi hija utiliza correctamente Twitter si yo previamente no sé si quiera qué es una red social y los códigos que se utilizan en esa red social en concreto?

 

En definitiva, a día de hoy aparte de recibir una buena educación (emocional, personal, académica y profesional) existe una variable más en la ecuación que debemos tener en cuenta: el entramado de tecnologías y comunicaciones del s.XXI nos exige actualizarnos con mayor frecuencia de lo que lo han hecho cualquiera de las generaciones anteriores.

 

Por ello, la digitalización no cambia las reglas del juego, solo acelera contextos. Y con un sentido común bien trabajado los acelera para bien. Creo que simplemente se trata de saber actualizarnos y envejecer con cierto “estilo”, sin la eterna canción de que cualquier tiempo pasado fue mejor (que puede que lo fuera, no entraré en comparaciones intergeneracionales, pero hemos de mirar siempre adelante).

 

TICNIFICACIÓN no es retroceso social ni “el avance definitivo”, ni blanco, ni negro, ni siguiera escala de grises: es policromía. Un maravilloso baile de colores que si los sabes combinar generan vidas capaces de permitir pasar un mes más al año con tus hijos (aparte del vacacional), o hacer que una abuela a 600 kilómetros viva sus nietos a diario… O simplemente que leas por quinta vez “La educación del Talento”, de José Antonio Marina al terminar el día. Y cuándo lo haces, saboreas el gusto de leer a señor Marina, de leer en papel y de hacerlo dejando el móvil cargando en salón.

 

Las TICs te esperarán (en el salón, o en tu puesto de trabajo) hasta el día siguiente, preparadas para atesorar un valioso tiempo de la siguiente jornada, y así volver a repetir el sano vicio y beneficio, de sentirte TICNIFICADO en tu justa medida.

 

 

Ángel Cruz.

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Comentarios: 2
  • #1

    ANA ORTEGA (miércoles, 23 octubre 2019 00:15)

    Un artículo muy interesante.

  • #2

    MariCarmen (jueves, 24 octubre 2019 11:28)

    Tal y como ya te he plasmado en el trabajo de evaluación de Word, me debato entre la admiración y reconocimiento de las bondades y beneficios de los avances tecnológicos y el respeto/miedo al mal uso que se hace de ellas.
    Siempre, siempre, siempre a favor de cualquier avance que por naturaleza nace con la premisa de ser beneficioso. Mi preocupación yace en que quizás la tecnologia avanza a más velocidad que lo hace nuestra educación, formación y preparación para su uso.
    Creo que la solución a este problema, como a muchos otros, sería un cambio drástico en la metodologia y enfoque de la educación en la escuela y en casa; por que yo soy de las que piensa que la educación empieza en casa y se complementa y enriquece en la escuela.
    A veces me supera no estar a la altura como madre cuando al no conocer según que TIC no puedo ofrecerle a mi hijo una pauta de comportamiento y uso de ella, llevándome la situación a convertirme en una investigadora secreta a tiempo completo con el eterno problema de falta de tiempo para gestionar todas las parcelas del día a día.
    Aunque adoro y añoro algunas cosas de mi infancia que mi hijo ni ha tenido ni tendrá, soy consciente y acepto sin problemas que cada generación tiene sus tiempos y sus cosas buenas y malas como todas. Mi mayor queja al respecto que, si pudiera, trasladaría a quien correspondiese sería : "Señores, la vida es bella y muy corta, dejennos saborearla y disfrutarla sin prisas ni estres, sino ¿de qué sirve inventar e innovar tanto si cuando aún no has podido habituarte y disfrutar lo suficiente de una TIC ya aparecen 20 más que la desbancan?"